Carta abierta a Otto Guevara, presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Movimiento Libertario.
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Estimado Otto,
Hace ya casi 12 años fue que me aventuré a pedirte una copia de algún tipo de literatura sobre el pensamiento libertario, esas ideas que con tanta pasión defendías en el Plenario. Vos mejor que nadie fuiste testigo de cómo mi escepticismo inicial hacia ciertas propuestas libertarias fue dando paso a un convencimiento cada vez más profundo, que luego desembocaría en convicción. Sin lugar a duda fue EL punto de inflexión en mi vida, como vos bien lo has descrito en repetidas ocasiones. ¿Qué habría sido de mi carrera y de mi vida en general si el diputado del PUSC para el que trabajaba no hubiera compartido esas oficinas con vos? Solo Dios sabe.
Recuerdo cómo en esos meses cuando empecé a trabajar para vos en la Asamblea, en un viaje a Heredia a una charla tuya, te dije que si algún día veía que vos te apartabas de las ideas libertarias, yo sería uno de los primeros en señalártelo y en abandonar tu causa. Vos me dijiste que no esperabas menos de mí. Pues ese día ha llegado. Con profundo dolor presento aquí mi renuncia al Movimiento Libertario.
Fui un militante bastante irregular, lo confieso. Muy pocas veces doné dinero al partido. Y no fui de los que “chancleteaban” en búsqueda de votos. En política electoral al parecer eso es lo que más importa. Aún así, a mí manera, durante estos 12 años intenté poner mi granito de arena, principalmente desde el frente intelectual. Y lo disfruté muchísimo. Para mí siempre fue un gran orgullo decir que era militante del ML. ¿Conarroz? El ML fue el único partido que se opuso. ¿Crédito finlandés? El ML fue el único partido que se opuso. ¿Ley de Tránsito? El ML fue el único partido que se opuso. Y ni qué decir del mayor de los logros: detener por 4 años la aprobación de un aumento masivo de impuestos durante la administración Pacheco de la Espriella. Uno a uno, el tiempo nos dio la razón en todas estas batallas.
Sin embargo, cuando abro las páginas de los periódicos ahora y leo sobre la clase de cosas que hacen los actuales diputados libertarios, el infame acuerdo con el gobierno, la repartición de puestos en Juntas Directivas y en la Asamblea Legislativa—donde prevalecen el amiguismo y el nepotismo—, el apoyo a proyectos que aumentan el gasto, las regulaciones, los privilegios y erosionan la libertad en Costa Rica, pues he dejado de sentirme orgulloso. Por el contrario, me da vergüenza haber votado por el Movimiento Libertario en las elecciones pasadas. Peor aún, todo esto ocurre ante la complacencia de la dirigencia del partido, en particular vos.
En su momento apoyé tu iniciativa de abrir las puertas del ML y hacerlo crecer. Ser un partido pequeño ciertamente era frustrante. Perder votaciones era hasta traumático en algunos casos. Pero se te fue la mano. Hoy la actual fracción libertaria es una colección de individuos que lo único que tienen en común es sus ambiciones personales y no su convicción por las ideas de la libertad. He llegado a la conclusión que, especialmente en la última elección, ha habido un esfuerzo concertado por parte tuya para que la gente que llegue a puestos de relevancia en el ML respondan a vos (e incluso en eso has fracasado) y no a las ideas liberales. También te has cuidado de que no salga nadie en el ML que “te haga sombra”. Sólo así se puede explicar que luego de 12 años de presencia legislativa, el Movimiento Libertario siga siendo solo Otto Guevara. Cuando en algún momento se forjó alguna figura de peso independiente, rápidamente te encargaste de hacerla a un lado para que no amenazara tu protagonismo.
Y tu liderazgo ha venido a menos. Cada vez es más patente que lo que ahora te importa es ganar algún día la presidencia de la República, a cualquier costo. Las ideas son dispensables, así como las personas. Y es un secreto a voces que los diputados hacen lo que les da la gana y vos no tenés la autoridad para enfrentarlos o siquiera marcarles un rumbo. Me hubiera encantado verte presidente de Costa Rica, pero hace 4 años. No así. No ahora.
Podría quedarme en el ML, con lo limitada que es mi militancia desde el extranjero, y promover un cambio interno. Impulsar una renovación de liderazgos que implicaría, necesariamente, tu salida como presidente del Comité Ejecutivo Nacional. Pero sé que eso no va a suceder. Jamás lo vas a permitir. Como tampoco sucederá que el ML se desligue de los actuales diputados. Hasta el tanto los tengamos impulsando todo tipo de ocurrencias en la Asamblea Legislativa, todo bajo el nombre de “Movimiento Libertario”, es una causa perdida. La marca “Movimiento Libertario” se ha echado a perder en unos pocos meses. Ahora es más de lo mismo.
Aún así siento que en Costa Rica las ideas liberales necesitan de un partido político que las defienda. Ya el ML dejó de ser esa trinchera. Como en su momento lo dejó de ser el PUSC. Sin embargo espero que algo bueno salga del colapso ideológico—y eventualmente electoral—del ML, y que esto sea el nacimiento de un nuevo partido liberal. Hacia ese rumbo trataré de convencer que caminemos a aquellos que en los últimos años y meses han abandonado el ML, o a los que aún siguen en éste pero con crecientes dudas. Un partido liberal que no le importe permanecer pequeño y con una modesta representación legislativa, pero que defienda la libertad sin ambigüedades, como otrora hiciera el ML.
Por lo demás, espero que este divorcio político no represente un fin de la amistad en ningún sentido. Te respeto muchísimo y te deseo lo mejor.
Tu amigo,
Juan Carlos Hidalgo