18 de marzo de 2010

Entregar drogas sustitutas a adictos es un buen paso


En un país donde el conservadurismo es predominante y muchas propuestas de política pública se vuelven circulares, el planteamiento del fiscal general Francisco Dall’Anese de entregarles drogas sustitutas a los adictos es refrescante y sensata. Lamentablemente la conservadora presidenta electa parece decidida a no darle cabida.

La idea es muy sencilla: Los adictos son personas enfermas–aunque existe controversia en cuando a si la adicción constituye una enfermedad–que cuentan con una necesidad fisiológica de consumir ciertas sustancias y por ende sufren e infligen todo tipo de problemas sanitarios y sociales. Uno de los principales flagelos generados por los adictos de drogas es el crimen, ya que muchos, al no contar con un trabajo estable, recurren al robo (carterazo, etc.) para financiar su vicio. Esto es particularmente claro en los adictos de crack.

La propuesta de Dall’Anese, que ha sido puesta en práctica en países desarrollados (de los cuales parece que solo queremos copiar sus cargas fiscales), consiste en darles a los adictos drogas sustitutas que inicialmente cuenten con el mismo efecto que la droga original pero que, mediante la asistencia de expertos médicos, luego pueda irse reduciendo hasta, eventualmente, lograr la recuperación del adicto. Incluso se podría dar el caso de que una persona cuente con una adicción tan fuerte que sea casi imposible de recuperar, en cuyo caso no tendría problema en que se le brinde gratuitamente su dosis de droga de manera segura.

Dejemos varios puntos claros: La principal intención de la medida es sacar a los adictos del mundo criminal. Al tener acceso a su dosis diaria de narcóticos, estas personas no tendrían que robar para mantener sus adicciones, lo cual contribuye a paliar significativamente el problema de la inseguridad. Otro efecto positivo es el sanitario: en el caso de algunas drogas, como la heroína, el uso grupal de jeringas es una de las principales causas de transmisión de enfermedades como el SIDA–cuyo tratamiento luego le cuesta a la CCSS enormes cantidades de dinero. Al brindar un ambiente salubre y con supervisión médica, los adictos no correrían riesgo de contraer dichas enfermedades. Más aún, la entrega de dosis estandarizadas de drogas contribuiría a reducir el riesgo de sobredosis, las cuales son responsables por el 80% de las muertes relacionadas por el consumo de drogas.

Tercero, la medida contribuye a debilitar a las redes de narcotraficantes, aunque en muy poca medida. El grueso del problema del narcotráfico en el país no se da por consumo interno, sino porque somos parte de la ruta de trasiego que va de Colombia a Estados Unidos. Pretender que darles drogas sustitutas a los adictos costarricenses va a golpear de manera significativa a bandas criminales transnacionales es ilusorio, y no es la manera en que esta medida debería ser promovida. Sus mayores beneficios radican en los puntos que señalé anteriormente.

Naturalmente, nuestra conservadora presidenta electa se agarró del “argumento de la pomada canaria” para oponerse a la idea [El "argumento de la pomada canaria" consiste en oponerse a una propuesta porque no va a resolver todos los problemas. Ej: "la dolarización no garantiza el desarrollo económico", "darles drogas sustitutas a los adictos no acabará con el crimen", etc.]. ¿Que no acabará con la criminalidad? Pues esa no es la intención, pero sí ayudará a paliarla. ¿Que es un programa muy caro? No tan caro como los miles de millones de colones que gastamos todos los años en perseguir rateros, mantenerlos encerrados y combatir el tráfico de drogas en el país, así como darles atención médica cuando contraen enfermedades. ¿Que las bandas criminales se moveran a otras drogas y otros negocios? Pues que se muevan, por lo menos los sacamos de uno. ¿Que no se pueden legalizar todas las drogas? Costa Rica unilateralmente no puede, pero bien podría liderar a los países latinoamericanos en poner sobre el tapete una discusión hemisférica al respecto. ¿Por qué no?

7 comentarios:

jaguar del Platanar dijo...

muy interesante el tema. A como usted lo plantea yo estaría de acuerdo. Lo que sí me gustaría comprender más es si los países que lo aplican lo hacen a través de centros o clínicas.

Eso sí, no me extrañaría escuchar de los fundamentalistas religiosos que esta es una idea hermana del Estado laico y la Ley de Sociedades de Convivencia. Como les gusta mezclar naranjas con chayotes no sería raro.

Saludos

Juan Carlos dijo...

Claro, se hacen en clínicas estatales especializadas. No tienen que ser centros muy grandes. Con un doctor y un par de enfermeras se puede manejar uno.

Gonzo dijo...

Existe un documental muy interesante sobre eso, de NatGeo, que habla sobre el problema en diferentes países y el acercamiento que se le da en cada lugar

TicoExpat dijo...

Compas,

Hasta aca se ha discutido este tema, donde es tan taboo lo de las drogas que existe pena de muerte por trafico de las mismas.

No obstante, el Gobierno se ha dado cuenta de la cantidad de adictos en la carcel, y la reincidencia apenas sales, asi que el asunto del tratamiento y consecutiva insercion en la sociedad es algo muy presente estos dias.

En CR no se, hay que ponerle el cascabel al gato con lo de las drogas y el alcoholismo. El problema ahi es que hay demasiado dinero de por medio, a menos que se les garantice el negocio a los mismos de siempre, no veo que suelten esa... chupeta.

Fer dijo...

Si bien es cierto creo que hay una serie de factores por el cual esta medida puede ser funcional, además de las experiencias en otras latitudes, hay que tener en cuenta que la realidad del adicto y las condiciones sociales en Costa Rica son diferentes a otros países. Ciertamente esto ha funcionado con adictos a sustancias tales como las inyectables o el crystal. Pero en Costa Rica esa realidad, es muy poca o casi nula. Aca, se consume la marihuana, la cocaína y el crack. Este último talvés con la mayor ferocidad en cuando a su capacidad adictiva. Sin embrago, muchas de estas personas se pueden recuperar también con otras terapias. Admito que los porcentajes no son altos en recuperación por otras terapias y que existe un buen porcentaje de recaídas, por la realidad misma de la droga. Sin embargo, creo que el no contemplar terapias que tambien han dado resultado y se debería de incluir dentro de las posibilidades. No podemos entrar a este tipo de estrategia si seguimos viendo al adito solo desde su dimensión criminal y desocupada. Nuestra cultura todavia guarda mucho estereotipo sobre esta enfermedad. Y el Estado no asume la parte de trataminto y se deja en manos civiles, sin mayor control sobre la cientificidad de sus intervenciones y resultados. El Estado tampoco facilita el acceso a los recursos por parte de estas organizaciones. Entiéndase que no pretendo ser defensor del Estado como interventor, sino que no facilita que los recursos lleguen, recursos que hay, y solo actúa de cara al adicto como criminal no como paciente de una enfermedad crónica y mortal, practicamnte negádole el derecho ala salud. Creo que no solo debemos apostar a facilitar la droga a nuestros jóvenes para que no nos atenten con sus actos criminales , sino que además debemos apostar por rescatar a nuestros jóvenes, a dar otra oportunidad. Mi preocupación exacta es sobre que la medida, se enfoca más al manejo de la criminalidad que del adicto.

GaB dijo...

Muy a mi pesar debo aceptar que estoy de acuerdo con la presidenta electa, las drogas de sustitución no van a ganar la guerra por si solas, de hecho no lograrían ni siquiera inclinar la balanza un poco.

"Las Drogas" nos dice que la única forma de acabar con el tráfico de drogas es legalizando todas al mismo tiempo y sin limites de edad. Pues como dice Doña Laura, los traficantes se adaptaran y correrán a donde esté la etiqueta de ilegalidad. A fin de cuentas es la eterna ley de la demanda, simplemente ofrecerán algo que no se pueda conseguir de otra manera.

Pero también estoy de acuerdo con Juan Carlos Hidalgo cuando apunta a que las drogas de sustitución pueden llegar a ser una parte importante en una estrategia integral de ayuda al adicto.

Lo que falta es salirse de las estadísticas para intentar comprender al individuo, al ser humano atrapado en la espiral de la adicción y hacerse una de las mas trascendentales preguntas en la historia de la humanidad: ¿Por que?

¿Que fenómenos sociales, sicológicos y emocionales llevaron a esta persona a depender de una sustancia al grado de perder todo control sobre su propia vida? ¿Como podemos ayudarle a luchar contra ese impulso primario que la arrojó al consumo, a vencerlo y a vivir dignamente?

Se puede invertir todo el presupuesto de un país y el descomunal esfuerzo de miles de personas en desintoxicar a los adictos. Pero después de la desintoxicación física el problema original va a permanecer, la adicción va a volver o toda esa ira, frustración e impotencia se volcarán en otras formas de crimen, en autodestrucción y suicidio.

La cuestión entonces no es si las drogas de sustitución pueden o no ganar la batalla al narcotráfico, es que tanto pueden funcionar como primer paso hacia un tratamiento de rehabilitación integral y de reinserción social. ¿Que tanto pueden colaborar a un acercamiento entre el ser humano que busca ayuda y el ser humano que puede brindársela?

Las drogas de sustitución por si solas no lograrían nada, a lo sumo que el adicto cambie de veneno. Pero si se plantea de otra manera, tomando en cuenta todo lo antes mencionado, creo que la inciativa podría lograr grandes cosas.

Se que me quedo corto, y por eso me les dejó acá en mi blog el libro recién salido del scanner, vale la pena leerlo y reflexionar al respecto.

luisdi dijo...

Excelente comentario a una excelente alternativa. Pero, como todos sabemos buscar alternativas sensatas e intermedias versus soluciones supuestamente perfectas es practicamente inaudito. Es una visión demasiado simplista, politizada y absolutista la del status quo. Talvez algún día comprender que por mucho una alternativa de mercado libre supera a cualquier regulación que busca protegernos de nosotros mismos.