11 de enero de 2009

Respuesta de Fernando Araya

El consultor Fernando Araya contesta hoy en La Nación mi artículo de hace un mes donde refuté ciertas aseveraciones de Paul Krugman sobre Milton Friedman que él reprodujo aprobatoriamente en un inicio.

Como era de esperarse, Araya opta por el fácil camino de acusarme de dogmático e incluso insinúa que tengo problemas psicológicos en donde veo "fantasmas" y "demonios" que atormentan mis "sueños libertarios". Esperaba una respuesta menos infantil y más de altura de Araya, puesto que en mi artículo en todo momento lo traté con respeto. ¿Cuál reacción es más propia de un fánático? ¿El que respetuosamente presenta otro punto de vista o el que rechaza con bajezas a quien se atreva a contradecirlo?

Lo escrito por Araya en su primer artículo nadie lo borra, por más que ahora se trate de quitar. Espero que La Nación reproduzca la respuesta que estaré enviando a principios de semana.

4 comentarios:

Adriana Barrantes dijo...

JC, no soy experta en el tema.. pero a cierto punto la respuesta que el da a tu articulo ya me parece mas hecho a nivel de ataque personal que ataque a las opiniones que diste en tu respuesta (que me parecio bien hecha y estructurada)... no crees que alargar eso es alargar una lista de dimes y diretes? Tengo ganas de leer tu respuesta y definitivamente tengo que ponerme a leer mas para poder opinar con mas propiedad, pero no se hasta que punto el va intentar bajarlo a lo personal y olvidar el meollo del asunto.

Juan Carlos dijo...

Así es Adriana, y gracias por la sugerencia. También me preocupa que esto sea visto como una discusión de viejas de patio sobre un economista muerto.

Sin embargo creo que se le puede contestar a Araya sin caer en el fango que él intentó meter la discusión. Hoy envío la respuesta a La Nación y todo queda a que ellos la publiquen.

Adriana Barrantes dijo...

Ok :D espero con ansias a leer tu respuesta :D

La ASOJOD dijo...

Araya obviamente recurre a una falacia ad hominem para salvarse. Siendo él incapaz de redactar claramente y transmitir bien su idea, ahora culpa a Juan Carlos (y, por derivación a los que interpretamos lo mismo que Juan Carlos)de no entender sino de usar nuestros "monigotes mentales" en una especie de "lectura ideológica".

Insisto: el tipo se equivocó y no es capaz de reconocer su error, sino que como en una especie rara de manifestación de la teoría de la conspiración, los malvados libertarios cuyos extraños sueños pululan en la mente, tergiversan el mensaje.

Alejandro